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Una pelea justa por la Verdad

Publicado: 11 Ene 2017 6:22 am
por Fermat
Timothy Garton Ash, 11 ENE 2017 - 00:00 CET

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En la era de internet, no hay nada que viaje más deprisa que un tópico lanzado en el momento oportuno. Hoy, ningún discurso está completo si no incluye una referencia a que vivimos en la época de la posverdad. Como si, hasta ayer, hubieran fluido sin cesar de los labios de políticos y periodistas las aguas puras de la verdad. Para no hablar de Joseph Goebbels, Josef Stalin y las grandes mentiras totalitarias diseccionadas por Alexander Solzhenitsyn y George Orwell.

Para calificar el peligro de la nueva situación es más apropiado un adjetivo más modesto: “postfactual”. De hecho, en Alemania acaban de elegir postfaktisch como la palabra del año. El aspecto fundamental de la amenaza postfactual contra la democracia es que da la impresión de que unas afirmaciones completamente falsas (el Papa apoya a Donald Trump para que sea presidente, Barack Obama no nació en Estados Unidos), envueltas en relatos conmovedores y constantemente amplificadas en las cámaras de resonancia en la red, son capaces de influir en una parte importante del electorado. El relato emocional se impone al frío dato, el sentimiento, a la razón. Incluso después de que Obama hiciera público su certificado de nacimiento, el candidato Trump siguió declarando: “Mucha gente tiene la sensación de que no es un certificado como es debido” (cursiva mía). El concepto de truthiness, la “verdad alternativa”, inventado con fines satíricos por Stephen Colbert, ha quedado sobrepasado por Trump.

Ahora bien, no debemos caer en la desesperación. Si Orwell y Solzhenitsyn no se rindieron ante Goebbels y Stalin, sería patético que nosotros nos rindiéramos ahora. Existen muchas formas posibles de luchar contra la amenaza postfactual, de convertir 2017 en el año anti-postfactual.

En la información política —y en el uso cotidiano de internet—, la verificación de los hechos siempre tiene un papel destacado. Hace poco, retuiteé un par de fotografías que presuntamente mostraban la Cámara de los Comunes abarrotada para un debate sobre el sueldo de los parlamentarios y casi vacía para otro sobre el horror humanitario de Alepo. En cuestión de minutos, me contestaron varias personas para decirme que era una falsedad escandalosa, y publiqué la corrección en @fromTGA. La destreza necesaria para utilizar internet, que facilita la posibilidad de contrastar rápida y eficazmente las afirmaciones, debería entrar a formar parte de todos los programas escolares. Y las universidades pueden esforzarse más para que los análisis rigurosos y basados en datos tengan más difusión.

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http://elpais.com/elpais/2017/01/03/opinion/1483472787_252512.html