Carta para "El Tigre" Fernandez de un Ex-Rector de la ULA

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Javier380
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Carta para "El Tigre" Fernandez de un Ex-Rector de la ULA

Mensajepor Javier380 » 27 May 2018 10:24 pm

En la diana, lastima que este pobre "tigre" quedó sin colmillos y garras por plegarse al poder:
*Del Dr. José Mendoza Angulo, ex rector de la ULA*
Doctor
Eduardo Fernández
Caracas.

Apreciado amigo:

Ayer, temprano, tuve la oportunidad de abrir tu correo con el artículo para la prensa titulado “¡Ganaron!” y desde entonces sentí la necesidad de expresarte el estupor que me ha causado su lectura. Para ir al meollo del asunto de una vez, siento obligante expresarte que antes que ver derramada tu bilis política en el texto que comento, yo al menos hubiera esperado de una persona con tu formación profesional y religiosa, con tu cultura, con tu nivel y con tu larga experiencia en la vida pública venezolana, el sesudo análisis sociopolítico, sereno y frío, del hecho político dominante sucedido el pasado 20 de mayo. Fue el ensordecedor silencio producido por los venezolanos llamados a participar en la “votación presidencial” convocada por la asamblea nacional constituyente y montada por el CNE. Conforme a tu opinión, ese ensordecedor silencio puede ser técnicamente considerado como una abstención electoral, pero, sin la menor duda, políticamente fue otra cosa y el liderazgo nacional del cual tu formas parte tiene la obligación de entenderlo y explicarlo.

Caro amigo, tú también fuiste víctima de lo que he llamado la ilusión electoral. El 20 mayo llamé ilusión electoral a la creencia de aquellos venezolanos que, sin fundamento en la realidad, se imaginaron o fueron persuadidos de que, si se votaba en la consulta electoral de más alto rango convocada por este régimen, Venezuela tendría otro Presidente de la República, así no se supiera en que momento asumiría el cargo y con la sola certeza de que su juramentación no sería ante la Asamblea Nacional, único organismo establecido por la Constitución para presidir y validar tan relevante ceremonia. La ilusión electoral tiene su base en una confusión conceptual sobre la identificación y ubicación política de lo electoral. En términos políticos, lo electoral, en tanto que conjunto de procedimientos para consultar libremente la voluntad de la colectividad sobre los asuntos del poder y para hacer depender de esa consulta la formación de los órganos directivos de las instituciones del Estado, es parte natural y esencial de los sistemas democráticos. Por el contrario, porque lo que se denomina voluntad colectiva no se articula de la misma manera que en las democracias ni los órganos del Estado nacen de la voluntad directa de la sociedad, lo electoral no forma parte de la esencia de los regímenes dictatoriales cualquiera sea la forma que estos adopten.

Voy a decirlo de otra manera. El pasado 20 de mayo el régimen le puso término definitivamente a la ilusión electoral con la que convivió la oposición interna después de 1998 y también, en buena medida, la opinión internacional. La verdadera historia comenzó cuando la Corte Suprema de Justicia de Venezuela, y no la abstención, como tú dices, le dio la mano al recién encargado Presidente Chávez, mediante una discutible y discutida decisión judicial, que lo autorizó a Convocar una Asamblea Constituyente y fijar las bases comiciales de la misma y le permitió conseguir un número abusivo de constituyentes sin correspondencia con los votos obtenidos. Se había alterado el principio democrático de la representación proporcional de las fuerzas contendientes. Desde entonces el gobierno bolivariano pudo andar, aquí adentro, en el país, y en el mundo, a caballo de la media verdad de que en Venezuela existía una democracia y de que el poder obtenido descansaba en una legitimidad democrática lograda en base a votos. Esta media verdad que en realidad ha sido, con perdón de la Ciencia Política, una media democracia, fue hasta diciembre de 2015, un juego no pactado entre un gobierno con claridad de sus objetivos políticos y una oposición venida a menos, errática y fragmentada que identificó, y sigue identificando, pura y simplemente la parte con el todo, vale decir, el acto de votar, a secas, con la democracia.

Las cosas ocurrieron de la siguiente manera. Mientras los logros electorales de la oposición no representaron un peligro inminente para la supervivencia del régimen o tuvieran lugar en escenarios diferentes de los centros neurálgicos de la política oficial, se toleraron. Con la ayuda de una permisividad excesiva de la oposición y mediante la manipulación de la ley por organismos del Estado como el CNE así como de decisiones judiciales dictadas a conveniencia por el más alto tribunal de la República, no hubo necesidad de violar sin escrúpulos la soberanía popular. Hasta que a raíz de la última elección de la Asamblea Nacional el régimen no tuvo más alternativa que desconocerla sin posibilidad de reversión. Se dejó sin representación popular a uno de los estados de la Federación; se desconoció luego el derecho constitucional de los ciudadanos de pedir, mediante referendo, la revocatoria del mandato presidencial; se violó más adelante descaradamente el artículo 347 de la Constitución que pauta que “el pueblo venezolano es el depositario del poder constituyente originario” y se eligió una asamblea constituyente sin consultar al pueblo; se desconoció la soberanía del pueblo del estado Zulia al declararse la vacancia del gobernador recién electo por no juramentarse ante la asamblea constituyente; se usurpó la voluntad del pueblo del estado Bolívar al consumarse fraude contra el candidato que ganó las elecciones; la presidenta de la asamblea constituyente afirmó impúdicamente que no se entregaría más nunca el poder conquistado, y se procedió a montar el tinglado de la votación presidencial. Si con la sucesión de estos hechos ocurridos entre 2015 y 2018 no éramos capaces de darnos cuenta que se había traspasado la línea roja de una cierta convivencia con el régimen, bien merecedores nos hicimos de la histórica lección dada por el pueblo venezolano al darle la espalda al gobierno y a la oposición.

Como venezolano que no voté el 20 de mayo pero que no fui un abstencionista en el sentido político del término, debo rechazar por desobligante el ofensivo silogismo con que comienzas tu artículo y que copio a mi pesar para que no se diga que estoy malinterpretando las cosas. Son tus palabras las siguientes: “En efecto, ganó la abstención. Por tanto, se queda Maduro. En principio se queda por un nuevo período constitucional que dura seis años. Junto con él se queda la hiperinflación, el alto costo de la vida, la pobreza creciente, las condiciones miserables de vida, el hambre, el desabastecimiento, la falta de medicinas, el deterioro de los servicio públicos, la corrupción, la inseguridad, los presos políticos y el desconocimiento al estado de derecho”. Si otros sentimientos no te impidieran comprender las cosas te podrías dar cuenta que el pueblo venezolano, el 20 de mayo, dio una categórica manifestación contra todo eso.

Un cordial saludo,
José Mendoza Angulo
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Cambur Volador
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Re: Carta para "El Tigre" Fernandez de un Ex-Rector de la ULA

Mensajepor Cambur Volador » 28 May 2018 6:39 am

Si con la sucesión de estos hechos ocurridos entre 2015 y 2018 no éramos capaces de darnos cuenta que se había traspasado la línea roja de una cierta convivencia con el régimen, bien merecedores nos hicimos de la histórica lección dada por el pueblo venezolano al darle la espalda al gobierno y a la oposición.

Brillante carta, dirigida a Eduardo Fernandez pero que debería sentirse como dirigida a todos y cada uno de los que creyeron que el voto serviría para desenquistar a quienes desde siempre han tenido como bandera un enfático "no volverán".

El altísimo porcentaje de venezolanos negados a participar en ese último fraude del 20 de Mayo no puede ser considerado como abstención ni apatía. Fue un castigo merecido, no un silencio sino un reclamo a gritos a una estúpidamente equivocada (por no decir falsa) oposición de cartón.

Contrario al silencio de respuesta, por cierto, porque ni pío de los que contribuyeron a ese nuevo teatro. A ver con qué excusa salen ahora, cobardes.
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Javier380
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Re: Carta para "El Tigre" Fernandez de un Ex-Rector de la ULA

Mensajepor Javier380 » 28 May 2018 8:22 pm

La respuesta de Eduardo Fernandez:
Eduardo Fernández, excoordinador de la campaña presidencial de Henri Falcón, respondió este lunes a una carta publica del exrector de la Universidad de Los Andes, José Mendoza Angulo, quien aseguró que el último artículo de Fernández le causó "estupor"..

"Por eso", dice Fernández, "no entiendo como nadie puede sentir ”estupor” por mi posición de concurrir a un proceso electoral, lleno de abusos y arbitrariedades como lo he denunciado en todos mis artículos y en todas mis apariciones en los medios de comunicación social, pero un proceso que correspondía, de acuerdo con la Constitución Nacional, para el año 2018 y que pudimos haber ganado como lo aseguraban todas las encuestas de opinión pública y como lo evidencian las cifras electorales".

A continuación la respuesta completa:

Apreciado amigo: una mano amiga me ha hecho llegar una carta escrita por ti para mí, Después me he enterado de que la carta circula por la red. Aunque a mí no me ha llegado directamente procedo a formular algunos comentarios.

Lo primero; que me llama la atención es que mi artículo de la semana pasada te haya causado “estupor”.

En mi artículo, que procedí a releer, no encuentro nada que no se ajuste a la más dolorosa verdad. “Ganó la abstención y, como consecuencia, se queda Maduro”. ¿No es así? En el artículo refiero como la abstención viene ganando casi todas las elecciones desde 1993. Esta vez las ganó abrumadoramente.

Yo hubiera preferido que las ganara la oposición abrumadoramente. Eso es lo que ha debido haber ocurrido.

A finales del año pasado viajé a Mérida y tuve el honor y el privilegio de ser invitado, una vez más, a la prestigiosa peña que tú integras junto con otros distinguidos intelectuales merideños y que creo que ustedes han denominado “la tertulia de los martes”. En esa ocasión les expliqué, con lujo de detalles, como veía yo la situación, desde el punto de vista político, que se nos presentaba para el año 2018 y hasta les dejé un memorándum que explicaba mis puntos de vista. (Espero que conserven ese documento, pero en todo caso te adjuntaré una copia). Les dije, con suficiente antelación a la fecha electoral, que si todos los que nos oponemos al actual régimen nos uníamos alrededor de una plataforma de unidad, con un candidato de unidad, con un programa consensuado que interpretara la tragedia que estamos viviendo los venezolanos y presentara soluciones serias a sus problemas, con una organización eficiente y con una estrategia inteligente, nosotros, los que nos oponemos al gobierno de Maduro, podíamos obtener una contundente victoria como la que obtuvo la oposición en diciembre del 2015 con ocasión de la elección de la Asamblea Nacional. Y los instaba a contribuir a la búsqueda y promoción de esa c andidatura de unidad.

En aquella reunión, muy grata y muy cordial, no sentí que hubiera discrepancias con los puntos de vista que expresé, en los términos más claros que pude, a favor de una solución electoral.

Ese memorándum lo hice circular en manos de dirigentes muy calificados del liderazgo nacional solicitándoles igualmente que trabajaran en la dirección de construir una candidatura de unidad. Lamentablemente mi propuesta no tuvo eco. No fue posible la unidad. Prevalecieron ls intereses sectarios y las ambiciones personales.

Fiel a la línea política que siempre he sostenido y que sostuvo la oposición política en los últimos años he luchado porque los venezolanos encontremos una solución pacífica, electoral, democrática y constitucional a la grave crisis en la que estamos sumergidos desde hace más de 20 años. Consecuente con esa posición he actuado siempre.

Cuando me opuse al golpe de Estado contra la Constitución Nacional que pretendió derrocar al gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez el 4 de febrero de 1992, dije a toda la nación: “los problemas de Venezuela se resuelven con votos y no con balas”. Esto lo he sostenido toda mi vida. Desde que compañeros de generación me invitaron a tomar el camino de la lucha armada para cambiar la dolorosa realidad de Venezuela, les dije que yo prefería siempre el camino de los v otos y no el camino de las balas, de la violencia, de la sangre.

Por eso no entiendo como nadie puede sentir ”estupor” por mi posición de concurrir a un proceso electoral, lleno de abusos y arbitrariedades como lo he denunciado en todos mis artículos y en todas mis apariciones en los medios de comunicación social, pero un proceso que correspondía, de acuerdo con la Constitución Nacional, para el año 2018 y que pudimos haber ganado como lo aseguraban todas las encuestas de opinión pública y como lo evidencian las cifras electorales.

Ganó la abstención. De segundo, muy lejos, llegó Maduro. Si todos hubiéramos estado unidos en la estrategia que la MUD había recomendado en años anteriores consistentemente: solución pacífica, electoral, democrática y constitucional, estaríamos celebrando nosotros y no Maduro y su entorno.

Yo hubiera preferido que nuestro liderazgo político hubiera tenido el coraje cívico y la reciedumbre que tuvieron líderes como Jóvito Villalba y Rafael Caldera, que en 1952 desecharon el camino de la abstención y asumieron la lucha popular y democrática para enfrentar a una tiranía que venía de derrocar al maestro Rómulo Gallegos, de ilegalizar a los partidos políticos y de asesinar al Secretario General de Acción Democrática, Dr. Leonardo Ruiz Pineda.

Con todo el respeto que siento por ti, creo que estás equivocado. No tienes por qué preocuparte mucho porque estás equivocado junto con la inmensa mayoría de la gente en Venezuela y en la comunidad internacional que se interesa por nuestros asuntos. No creo, por cierto, que tu equivocación sea consecuencia de un derrame biliar, ¡Dios te libre! Creo más bien que tu equivocación obedece a dejarse arropar por la frustración que intelectuales de tu valía han sentido fren te a la tragedia que vive Venezuela y a la impotencia que han manifestado sus sectores dirigentes para encontrarle una salida inteligente y civilizada a esta crisis espantosa y desoladora. Por eso comprendo tu carta aunque no la comparto.

Por último déjame decirte que el triunfo de la abstención nos deja en el limbo. La abstención fue la línea política del gobierno. El gobierno sabía que si los venezolanos votábamos, votaríamos en contra del gobierno. Por eso hizo todo lo necesario para que la abstención triunfara y, en consecuencia, ellos pudieran quedarse en el poder. Lo que ocurrió el 20 de mayo representa un salto en el vacío y deja la solución de nuestra tragedia nacional en manos del azar. Estoy seguro de que no se trata del caso tuyo, pero hay muchos “abstencionistas” (aunque sé que a muchos de los que se abstuvieron les molesta que les diga “abstencionistas”) que sueñan con una intervención extranjera o con una acción militar endógena para superar la crisis. Cualquiera de las dos hipótesis me parece poco probable y nada aconsejable.

Lo cierto es que habiendo renunciado a la ruta electoral, pacífica, democrática y constitucional hemos dejado la suerte de Venezuela en manos del azar. El 20 de mayo, gracias a la abstención se desperdició la que podría ser la última oportunidad de lograr una solución pacífica, electoral, democrática y constitucional a la crisis venezolana.

Es una tragedia decir que el régimen le puso fin a la ilusión electoral. Más trágico todavía es saber que ese abandono de la vía electoral lo promovió con la complicidad de buena parte del liderazgo opositor.

Yo tengo la tranquilidad de conciencia de haber dicho y hecho lo que creía más conveniente para los intereses de Venezuela. No es la primera vez que me toca nadar contra la corriente. La historia nos enseña que con mucha frecuencia las mayorías se equivocan. Hace 2000 años, en Jerusalén, la mayoría prefirió a Barrabás en contra de Jesús de Nazaret.

Aprovecho la ocasión para reiterarte mi respeto, mi admiración y mi afecto

Cordialmente,

Eduardo Fernández
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