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De la demonización al modelo circular del plástico

Publicado: 09 Feb 2019 5:54 am
por Fermat
Viernes, 08/02/2019 Gwendolyn Ledger, Juan Toro, Gastón Meza y Cristian Aránguiz

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Tan ubicuo como el cambio climático, el problema ambiental que suponen los desechos plásticos se manifiesta en forma de islotes que interfieren con la vida marina, como en tierra firme con una peligrosa estela de contaminación. Pero el repudio indiscriminado del plástico ha comenzado a dar paso a un modelo circular, donde tres verbos son la base de un nuevo mantra global: reducir, reciclar y reutilizar

Al empresario chileno Michel Compagnon le gusta iniciar sus presentaciones con un salto al pasado: a la felicidad que prometía para la gran clase media estadounidense la portada de la revista Life de agosto de 1955, donde una familia americana muestra las ventajas de los utensilios plásticos descartables bajo el título “Vida desechable”. Pero la paradoja de “hacer objetos descartables a base de un material que jamás se degrada”, como le dice a su audiencia este ingeniero y dueño de una de las mayores plantas de reciclaje plástico de ese país, revela que la falta de visión y el mal uso del material han creado un problema que hoy recién se toma en serio.

“Se ha demonizado al plástico, pero creo que es una fama injusta”, dice el industrial, quien ha renunciado a fabricar plásticos descartables y hoy recicla más de 600 toneladas mensuales de distintos tipos de polímeros en su empresa Comberplast. “El plástico no se debe botar, se debe reciclar; es un material que puede recircularse casi indefinidamente. El problema es que nosotros, las personas, le hemos dado un mal uso”, sentencia.

Desde mediados del siglo XX, los 150 tipos de plásticos que existen se han ido integrando en la vida diaria en la forma de botellas, cubiertos, vasos, platos, juguetes o empaques. Pero también como parte de nuestra ropa y accesorios, cosméticos, autos y aparatos electrónicos. Actualmente, un 15% de los automóviles y hasta el 50% de los aviones Boeing están hechos a base de polímeros. Esto significa que el uso global de plásticos aumentó 20 veces en los últimos 50 años y se duplicará nuevamente en las siguientes dos décadas. En 2014, por ejemplo, la producción mundial de plásticos alcanzó 311 millones de toneladas, con los envases plásticos como la mayor aplicación, representando el 26% del volumen total.

Pero esas beneficiosas cualidades del plástico han tenido una gran externalidad medio ambiental negativa. Muchos llegan a vertederos y rellenos sanitarios, junto con basura orgánica, donde jamás se degradarán. Otros acabarán en hornos cementeros y pocos, menos del 5%, al proceso de reciclaje, el destino ideal de estos productos, a pesar de que hace más de 40 años que la industria incluye el logo de reciclado en los plásticos manufacturados. Habrá otra gran porción que continuamente será arrojada al entorno o mal dispuesta y terminará llegando a ríos, lagos y al mar. Según cifras que recoge la fundación británica Ellen MacArthur, son 8 millones de toneladas de plásticos las que anualmente terminan en los océanos, desde donde pasan a formar involuntariamente parte del ciclo de la vida submarina.

Peor aún, el crecimiento de naciones en vías de desarrollo solo aumentará el problema. Datos de Plastics Europe (asociación que representa a los fabricantes de polímeros de Europa) indican que, si bien el 40% del plástico mundial se produce en EE.UU. y Europa, solo el 2% de este llega desde allí a los mares. Mientras que Asia produce el 45% del global, pero 82% del producto ya descartado termina en el océano. La APEC (Foro de Cooperación Asia-Pacífico) estima que el daño del plástico, tanto al turismo como a la industria del transporte marítimo y la pesca, asciende a más de US$13 mil millones anuales.

Es tal la magnitud del problema, que la Royal Statistical Society de Londres destacó como la cifra del año 2018 al 90,5% de residuos plásticos que nunca llegarán a ser reciclados, superando en espectacularidad a las cifras de pobreza global, contagios por sarampión y el envejecimiento de la población.

Ante esta realidad, y más allá de lo que la evidencia científica y las leyes puedan establecer, organismos transversales liderados por la fundación Ellen Mac Arthur y 250 empresas, ONGs, multinacionales como L’Oreal, Danone, PepsiCo, incluyendo a las grandes productoras de plástico Amcor y Novamont, firmaron durante la cumbre Nuestros Océanos, realizada en Bali, en octubre de 2018, un Pacto Mundial por el Plástico, destinado a que las grandes corporaciones -que representan el 20% de los empaques y envases plásticos del globo- se comprometan voluntariamente a cambiar de enfoque. De esta forma, se abrazan tres objetivos principales: eliminar los envases plásticos superfluos y transitar desde envases de un solo uso hacia otro reutilizables; innovar para que todo envase y embalajes pueda ser reusado, reciclado o compostado hacia 2025; y finalmente recircular el plástico producido, potenciando las dos primeras medidas. Todo ello, con una revisión periódica cada 18 meses. “Este pacto marca una ‘línea en la arena’ con empresas, gobiernos y otros actores unidos detrás de una clara visión de lo que necesitamos para crear una economía circular en torno al plástico”, afirmó la misma Ellen MacArthur.

La iniciativa es una respuesta que supera la total demonización del plástico, para dar paso a un ponderado modelo circular, donde tres verbos son la base de un nuevo mantra global: reducir, reciclar y reutilizar.

Empresas a la cabeza
En Latinoamérica, el consumo de plásticos avanza a pasos agigantados hacia los mismos números que en países europeos y EE.UU., que bordean los 142 kilos de plástico por habitante al año. De acuerdo con datos de la fundación Heinrich Böll, naciones como Chile, Brasil, Argentina, Colombia y Guatemala lideran en cuanto a porcentajes de plástico dentro de la basura. Le siguen El Salvador y México.

El Ingeniero Aldimir Torres Arenas, presidente de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico de México (Anipac), entidad que reúne a 230 empresas del sector, explicó a AméricaEconomía que una parte importante de la producción plástica del país está bajo presión. “México tiene 32 entidades federativas (estados) y en 30 de ellas existen iniciativas contra los productos plásticos, principalmente dirigido a bolsas, productos desechables como popotes (bombillas plásticas) y botellas PET”, afirma.

El dirigente gremial admite que algunas empresas relacionadas a la producción de esos productos han debido cerrar sus operaciones. Respecto al futuro para el sector y la presencia de mayores iniciativas y regulaciones del producto, dado que la nación integra desde 1994 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y debe adecuarse a sus requerimientos, Torres tiene claro que la tendencia es global e irreversible.
“Llegó el momento de sentarnos todos los involucrados y responsabilizarnos conjuntamente por lo que estamos haciendo. Definitivamente el acuerdo es lo que necesita nuestro mundo”, afirma taxativo.

La mexicana PetStar es la Planta de Reciclado de PET Grado Alimenticio (utilizable para envasar alimentos) más grande del mundo, encargada de reciclar 3 mil 100 millones de botellas al año, equivalente a llenar 2,4 veces el emblemático Estadio Azteca, (con capacidad para 87 mil espectadores) y a la producción anual de 50 mil toneladas de resina reciclada grado alimenticio. En 2011, PetStar fue adquirida por varios embotelladores de Coca-Cola, liderados por Arca Continental, la segunda mayor embotelladora de la gaseosa en Latinoamérica. Jaime Cámara, fundador y director general de PetStar, no duda en afirmar que “la evolución de la industria de acopio ha sido evidente en México, consolidándonos como país líder en acopio en América al recuperar el 57% del consumo nacional promedio, posicionándonos a la par de lo que se acopia en la Unión Europea y por arriba de lo reportado por Estados Unidos y Canadá”.

Junto a lo anterior, Cámara -quien precisa que la construcción de la planta de reciclado implicó una inversión de US$100 millones y demanda unos US$4,5 millones para su mantención anual- cuenta que en “la base del Modelo de Negocio Sustentable PetStar se encuentra un concepto de economía circular, el cual se trata de una noción económica que incorpora la sostenibilidad en el tiempo y una plena consciencia de lo limitado de los recursos naturales, al encontrarnos en un mundo finito”.

La misma filosofía que resalta José María Bagnardi, gerente general de PepsiCo Alimentos Chile, quien no duda en reconocer que la gran mayoría del plástico que se utiliza en las industrias a nivel mundial no se recicla. “Y lo primero que debemos hacer por el lado de las empresas es reconocer que es parte de nuestra responsabilidad y entregar soluciones a nuestros consumidores”.

El ejecutivo de PepsiCo explica que en Chile iniciaron una prueba piloto importantísima a nivel mundial. “Lanzamos un envase de origen vegetal para nuestra marca de papas fritas Lay’s Artesanas, elaborado en su 85% con fuentes renovables derivadas de vegetales (el 15% restante son minerales), que reducen un 60% la huella de carbono, utilizan un 48% menos de energía en comparación con el proceso de fabricación de un empaque tradicional y es 100% compostable en condiciones industriales”, enumera Bagnardi.

Desde la multinacional mexicana Bimbo, en tanto, defienden al plástico como un material necesario, sobre todo para la industria alimenticia, ya que tiene múltiples beneficios como proteger los productos evitando desperdicio de alimentos y llevarlos de manera segura a las manos de sus consumidores. Sin embargo, la compañía se declara consciente del problema que hoy existe sobre la disposición del plástico y su impacto en el medio ambiente.
Gabriela Guajardo, Head of Communications and Corporate Aff airs, Latin Sur en Grupo Bimbo, detalla que cuentan con una estrategia de Manejo integral de Residuos que consta de tres ejes principales: primero, en el área de diseño de productos, “hemos logrado reducir más de 2.300 toneladas de plástico, desde 2010, a través de prácticas de mejora y reducción de calibres (grosor) del plástico, sin afectar la calidad e inocuidad de nuestros productos”. La segunda iniciativa es reciclar. A nivel mundial, dice Guajardo, Bimbo posee la meta de lograr el 90% de reciclaje en sus operaciones al 2020. En esa línea, destaca que 30 plantas en sus mercados internacionales han logrado la marca de cero residuos a rellenos sanitarios. En el caso de México, precisa, se ha logrado el 97% de reciclaje y actualmente la empresa cuenta con 17 plantas que alcanzaron cero residuos en relleno sanitarios, a través de prácticas como reducción, reciclaje y valorización.

El tercer punto del programa es incentivar el reciclado postconsumo en Canadá, México, Brasil, España y Reino Unido, que implica promover el reciclaje de películas plásticas. En ese marco, Bimbo se comprometió que hacia el 2025 a continuar reduciendo el uso de plástico en sus empaques y a fomentar la innovación tecnológica para garantizar que el 100% de estos sea de material reciclable.

El que contamina paga
Aunque con poco más de 18 millones de habitantes, Chile tiene patrones de consumo similares a países desarrollados: según datos de la industria, cada chileno consume 51 kg de plásticos al año y desecha (bota sin reciclar) algo más de 13. Esta cifra de consumo es la más alta de Latinoamérica, equiparándose a la de países desarrollados.

Las autoridades lo reconocen como un tema preocupante, por eso es que el 2018 la Corporación de Fomento a la Producción (Corfo) otorgó fondos por US$ 3,4 millones para 25 proyectos privados de economía circular, destacando dos sobre plásticos: un prototipo circular aplicable a los plásticos masivamente descartados por distintas industrias, utilizándolos como insumo para la minería; y un emprendimiento de reutilización de residuos publicitarios (PVC) para el sector de la construcción. Por ahora son iniciativas incipientes, pero el vicepresidente dente Ejecutivo de la entidad, Sebastián Sichel, sabe que en la circularidad está buena parte del futuro productivo de país. “Este es un tema económico, no de hippies: perdemos 0,7% del PIB anual del país por no reincorporar al proceso productivo recursos que hoy botamos a la basura”, recalca enfático.

El ejecutivo destaca que en Corfo se buscará eliminar la denominada “neutralidad pública”, para llegar a incidir y acelerar este proceso, tanto por el camino de la regulación desde el Ministerio de Medio Ambiente, como a través del fomento de políticas públicas complementarias, vía Corfo. Todo para que Chile sea líder en economía circular.

No es la primera ni la única iniciativa que une ambos tópicos -lo privado y lo público- en el país sudamericano: a fines de octubre se anunció la formación de un Pacto por el Plástico, inspirado en el acuerdo firmado en Reino Unido, impulsada también por la fundación Ellen MacArthur, el Ministerio de Medio Ambiente, Fundación Chile y Triciclos, empresa B que gestiona residuos.

Para acercar ese liderazgo, Chile acaba de estrenar una nueva legislación sobre plásticos. Como parte de los requerimientos de un país OCDE, Chile trabajó desde 2010 una ley sobre Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para la disposición de seis tipos de materiales, como pilas o neumáticos, además de envases y embalajes, donde se incluye al plástico. Con la REP, se declara al productor como el responsable de la gestión del residuo asociado a su producto, eximiendo al municipio (tradicionalmente el ente gestor de la basura) de dicha responsabilidad. En consecuencia, el productor debe implementar y financiar un sistema de recuperación y valorización del residuo, para lo cual paga una tasa de acuerdo con el tipo de material y peso de cada envase puesto en el mercado.

Finalmente, la REP internaliza el costo ambiental de valorización en el precio del producto.
La ley fue aprobada en abril de 2015 con un primer reglamento para el sector de neumáticos. Se espera para este año el reglamento de envases y embalajes, con lo cual se prevé un boom en cuanto a la separación, disposición y reciclaje de plásticos, ya que incluye nuevos procesos, como la certificación, rotulación y etiquetado, además de un sistema de depósito y reembolso. “En Latinoamérica hay países como Brasil, Argentina, Colombia y Costa Rica -que prohibió los plásticos de un solo uso para 2021- que cuentan con regulaciones que esbozan la REP, pero ninguno todavía en estado avanzado de implementación”, explica Marcela Godoy, directora de Sustentabilidad en la consultora Stgo Slow. Por eso que “todos los ojos están puestos en Chile, porque la ley está basada en el concepto de ´el que contamina paga´, con el objetivo de instalar una cultura de prevención, donde se obliga a las empresas a hacerse cargo del residuo que generan”. Pero también se busca que “la primera instancia sea la prevención, no solo la valorización del residuo, y que incorpore el ecodiseño, para así buscar una solución frente a la problemática de envases y embalajes no deseados”, complementa su colega Carola Moya, directora Ejecutiva de la consultora.

Por ahora, distintos sectores creen que la regulación va bien encaminada, aunque reconocen los desafíos y problemas que van a surgir en el tránsito hacia una economía más circular. Para Michel Compagnon de Comberplast, “las ideas y capacidades tecnológicas están… y si no existen, la ley se ocupará de ello, porque con la REP los incentivos van a existir”.

Inundaciones mortales
A partir de abril de 2019, en la isla brasileña de Fernando de Noronha, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad, la cubertería de plástico, las botellas de menos de 500 mililitros y las bolsas no reciclables no podrán entrar en esta exclusiva isla de aguas verdes turquesas y arenas doradas, descubierta por Américo Vespucio en uno de sus primeros viajes.
Noronha se ha convertido en un emblema de la preservación ambiental en un país que pierde US$1.500 millones anuales por no reciclar residuos plásticos, según un informe del Sindicato Nacional de Empresas de Limpieza Urbana (Selurb), de 2017.

Una medida que está en sintonía con la importancia que los brasileños le dan al reciclaje. Según una encuesta reciente del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope), el 98% de la población brasileña considera que el reciclaje es importante para el futuro del planeta, y el 95% dice que los residuos deberían ser separados en la propia residencia.

Pero a pesar de ese apoyo ciudadano, el país produce cada año 78,3 millones de toneladas de residuos sólidos, de los cuales el 13,5% equivalen a unos 10,5 millones de toneladas de plástico no reciclados, explica el estudio. El informe alerta además de que el aumento de poder de compra de los brasileños, en los últimos años, junto con las millonarias inversiones en nuevas fábricas y tecnología, supondrán un crecimiento del 30% en la producción de plástico durante la próxima década.

Por eso, el problema no es a futuro. Está pasando ya. Así lo han entendido en Recife, después de que los residuos plásticos contribuyeran a inundaciones mortales en 2018. Un reciente reportaje de The Guardian rescata la historia de María das Graças, una de las vecinas que ahora posee ingresos por su aporte a la limpieza del río: comenzó a recoger sus botellas plásticas después de ver el cuerpo de su vecina flotando junto a su casa, en el episodio que potenció el trágico desborde. Cuando tiene lo suficiente, María lleva el producto de su captura al almacén local, donde un recolector le paga $2 reales (US$0,5) por 50 botellas de plástico. Dice que no solo lo hace por el dinero, sino para detener la marea de plástico que ahoga a su comunidad.

Organizadas y apoyadas por la iglesia bautista, a través del proyecto Instituto Solidare, las comunidades locales se están movilizando: protestas callejeras, reuniones públicas, campañas de concientización. También están tratando de construir una red de ciudadanos comprometidos que puedan ganarse la vida recolectando los desechos plásticos y convirtiéndolos en productos que puedan vender.

Una investigación realizada por el Compromiso Empresarial por el Reciclaje (Cempre) muestra el aumento del número de ciudades con iniciativas de recolección selectiva. En el año que comenzó a realizarse el levantamiento, en 1994, sólo había 81 ciudades en Brasil con algún sistema dedicado a este fin. En 2010, año de la aprobación de la Política Nacional de los Residuos Sólidos (PNRS), ya eran 443. En 2018, fueron 1.227, lo que representa el 22% de las ciudades brasileñas.

Todo un progreso cultural en torno al reciclaje, aunque aún queda mucho por avanzar. Según el Censo de Reciclaje en Brasil (2016), a pesar de las 1.227 ciudades donde se compran productos PET reciclados, el 78% de los municipios brasileños no tienen ningún tipo de organización y recepción de materiales reciclables.

Aunque el presidente de Cempre, Víctor Bicca, es optimista del futuro y detalla que, si de algo se puede jactar Brasil, es de tener “una legislación muy avanzada y un modelo bastante versátil, en el que varios formatos de reciclaje coexisten, de acuerdo con las posibilidades regionales. Somos campeones en algunos materiales como las latas y los envases PET. En el caso de las PET, mientras que Europa recupera el 20%, Brasil recupera el 60%”.

Carrera contra el tiempo
En las calles de Tokio los basureros no abundan, pero tampoco la basura, lo que contrasta con la gran cantidad de envases, muchos de ellos plásticos, que se encuentran en las tiendas. Los receptáculos que sí están disponibles están señalizados con el tipo de residuo que debe ir en ellos: reciclables, combustible o no combustible. En parques y algunos locales, por voluntad propia, son los propios ciudadanos lo que revisan luego de que un turista desechó algo, para cerciorarse de que esté categorizado correctamente. ¿La explicación? La población nipona reaprendió a botar basura; el 90% de la población conoce los métodos para sacarla clasificada de sus hogares y más del 70% lo hace a la perfección.
Desde el Ministerio de Medio Ambiente de Japón explican a AméricaEconomía que todo partió en 2000, cuando “se estableció una ley básica para alcanzar una sociedad con un ciclo racional”, para buscar lo que denominan una “Sociedad con Ciclo de Materiales”, donde se reduce, reutiliza y recicla para aminorar la carga al medio ambiente.

Actualmente, en el país se está diseñando una “estrategia de circulación de recursos para los plásticos para promover integralmente su circulación”, aseguran desde el Ministerio.

Agregan que “se incorporarán medidas generales innovadoras para utilizar al máximo los recursos limitados y se realizarán esfuerzos aún más activos en las medidas relacionadas con la basura plástica”, algo que esperan compartir con sus vecinos en Asia y con los asistentes al G-20 de 2019, en Osaka.

La evaluación tras la ley es que el país mejoró 50% la productividad de los recursos y redujo 70% la cantidad de desechos finales en vertederos. El sistema de reciclaje ha sido asimilado tanto por las empresas, que cubren el costo de reciclaje de los productos bajo su responsabilidad, como por las personas.

Pero Japón no es Asia.

Hoy, el daño que provocan los desechos plásticos en el mar y las costas asiáticas es evidente, agravado por la decisión de China, desde 2017, de dejar de recibir basura plástica de otros países, lo que redundó en esta fiebre anti plástico que parece haber permeado a buena parte del globo. Actualmente es Malasia quien está recibiendo muchos de estos desechos, y poblados como el de Putrajaya ya están acusando el daño ambiental de la quema no controlada de los productos plásticos que la incipiente e informal industria local no puede reciclar. En paralelo, efectivos del Ejército está dando diariamente una batalla en las 17 mil islas de Indonesia para deshacerse de los residuos plásticos que contaminan sus playas y recursos marinos.

A pocos kilómetros, científicos de la Universidad de Singapur dieron a conocer una tecnología que transforma los desechos de PET en un material denominado aerogel -con múltiples usos industriales-, mientras que Corea del Sur prohibió el 1 de enero de 2019 el uso de bolsas plásticas con multas de hasta US$2mil por persona o contra el negocio infractor.

Con avances, aciertos y retrocesos, el tema del problema ambiental que suponen los desechos plásticos ya llegó para quedarse a escala global. Y, más que una guerra contra el plástico, se tratará de una maratón en la que reducir, reutilizar y reciclar tendrán que ser pilares de una economía circular que nos permita reconciliarnos con el plástico.

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